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Un movimiento nos dio la gloria.

 

Puede que hayan sido las pulsaciones de las más de sesenta y cinco mil personas las que hicieron, hace 18 años en la final de la copa más importante del continente americano, las que al minuto 65, con una falta que nadie recuerda cómo fue, se parara el movimiento del balón por un minuto; un minuto que a pesar de que durase lo mismo, se sintió eterno, aún más cuando los anteriores pasaban casi como segundos; fue ahí, cuando por la banda derecha, a más de 30 metros del arco, el pie derecho de un colombiano le pegó con el alma a la pelota dejando sin habla a un país, atónitos, incrédulos y casi que inmóviles al ver el sueño de toda la patria levantándose por los aires. Volando de forma errática la bola se desvía de su recta, casi que por voluntad propia buscando a un compatriota llega hasta el espacio aéreo de la selección contraria. 

Desde el otro extremo de la cancha, Iván, nuestro capitán, en un principio expectante de lo que sucedía, cuando ve que el partido se para y los temblores aumentan, emprende su viaje hasta el otro lado del campo, así como un caballero emprende su cruzada. Una vez llega a su destino se encuentra con la guardia de gigantes mexicanos que lo esperaban, entre roces y forcejeos acompaña al país a mirar la pelota; con el aliento acelerado se empieza a mover al tiempo que su tocayo, quien está en el costado derecho del campo, a punto de pegarle con el alma a la pelota. La sigue viendo, nunca lo ha dejado de hacer y posiblemente nunca lo hará, ve cómo su vuelo errático la desvía de su recta, casi como si lo buscara a él. Y así fue, se encontraron. 

Casi a 10 pasos de la línea de partida, el líder de los hombres seleccionados para hacernos creer, tiene un encuentro con su destino, viéndolo llegar de forma violenta. No lo pensó mucho, pero con su cabeza le dio la orden de ir a dormir, en el único lugar en donde el balón descansa, en la red. 

Más de sesenta y cinco mil personas gritan gol en un estadio, pero el grito se escucha en todo un país y se replica por el mundo, dejando sorda a la ilusión rival, volviéndose un hito inédito en el continente. Fue así, cómo un solo movimiento, nos dio la primera gloria. 

Atrévete a moverte. El movimiento lo es todo.

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